Éste melodrama tiene un condimento fuerte y es el de Ingrid Bergman que regresaba del exilio anglosajón después de su etapa rebelde con Rossellini y que gracias a semejante papelazo se llevó su segundo Oscar.

Nos sumerge en el drama de una mujer a la búsqueda de su auténtica identidad. Con un pasado que no logra recordar. La peli juega con el espectador al si es cierto que ella es la verdadera Anastasia, en una época donde no existían las pruebas de ADN ni la tecnología de hoy en día.

Sin ser una obra maestra, es una de las grandes pelis familiares sobre mitos y princesas que se hicieron a finales de los años 50.

Y si bien tiene un final abrupto y con poco esmero, es un film recomendable, que los amantes del cine clásico y los seguidores de la hermosa sueca Ingrid Bergman no se deben perder.