Pasaron treinta años para que tuviéramos una tercera parte, mucha fe no le tenía, pero la verdad es que me la he pasado bien, más que todo por nostalgia. El guión, tampoco es que le vamos a pedir tanto, es lo que hay y pega con las dos anteriores. Estéticamente viene floja de papeles, parece más un producto televisivo que de cine.

Keanu Reeves está medio flojardi también, tiene la onda un poco perdida, distinto a Alex Winter que le pone más ganas y energía. Entre las hijas de ellos está Samara Weaving que de estúpida va con lo justo. Después hay personajes secundarios para el olvido. Vuelve William Sadler como La Muerte, y también está bastante cagado a palos, sin ganas parece.

Los chistes siguen siendo pelotudos, y eso se agradece, porque es marca registrada de la casa, no al nivel genial de antes, y eso que están los mismos dos flacos que escribieron el guión de las anteriores.

Y en cuánto a la banda sonora, eso sí que se quedó re atrás, nada que ver a las licencias de las primeras, ahí punto muy negativo.

Nada más, tampoco le vas a pedir tanto a una tercera parte que llegó tarde y en plena pandemia que no la vio ni el loro. Zafa hasta ahí, pero queda lejos de las anteriores.