Netflix nos trae a una mina que se hace la mala en medio de un avión en vuelo que está siendo secuestrado por terroristas. Hasta ahi parece una peli de Steven Seagal.

El chiste, es que de repente, la mina no es humana, sino un vampiro. Y ahí empieza toda la flasheada. Y el resultado es una ensalada de las peores de Duro de Matar con Blade… la tres, la pedorra. Hasta que ya llegando al tercer acto se vuelve monótona.

A mí éste tipo de films en donde los vampiros son super rápidos, y van en banda corriendo y haciendo quilombo como los monos de El Planeta de los Simios y que encima solo quieren comer como si fueran los zombies de Guerra Mundial Z no me van, prefiero al vampiro mala onda, solitario, turbina, y que no jode hasta lo joden.