Pasaron catorce años y llegó la secuela que nadie vio venir, si bien, y obviamente, no es original como la primera, sigue manteniendo el nivel de humor ácido, sátiro, y sucio. Yo la verdad, me cagué de risa en toda la hora y media, y me da esperanza en que todavía se pueden seguir haciendo buenas pelis políticamente incorrectas.

Sacha Baron Cohen la vuelve a romper y aunque se extraña el gordo que lo acompañaba en la anterior, ha sido reemplazado por una pendeja, que vendría a ser su hija, igual de sucia y desubicada como él, y no falla, tiene su humor negro, ofensivo y absurdo.

La trama es prácticamente la misma que la de 2006, en ese sentido no se han esmerado, pero no esamos hablando de una Ciudadano Kane, lo que tiene que funcionar lo hace bien, que es ser desubicado y con gracia.

Muy divertida secuela, los amantes de Borat la van amar, y los que no lo conocen y no son moralistas fanáticos, también les va a encantar, bien por Amazon que apoyó al proyecto, y ojalá a futuro podamos ver una tercera parte.