Las épocas han cambiado, y ahora, Chucky en vez de estar poseído por un chamán asesino, es un juguete con inteligencia artificial, que se maneja a través de un celular, y que fue programado para ser malo por un empleado en venganza de su laburo, porque su jefe lo trataba mal.

La premisa es nefasta, entiendo que por la época, quizás la nueva generación se sienta identificada con la tecnología, pero es ridículo, la trama no tiene ni pies ni cabeza, y te dejan mil preguntas sin respuestas porque está llena de huecos en el guión.

Ni la voz de Mark Hamill en Chucky puede levantar la cinta, las actuaciones menos, el terror es nulo, quiere ser graciosa y no le sale, es predecible, y pelotuda.

Puntos positivos, alguna que otra fotografía y dirección, ambientación, sobre todo en escenas nocturnas. La parte que matan al tipo disfrazado de Buddy y le salta sangre a la pendejita, su grito es genial. Los créditos con Hamill cantando esa musiquita de mierda, no tiene desperdicio; aunque esto último no es muy positivo.

La saga del muñeco diabólico está muerta desde la segunda peli, no hay vuelta atrás, acá por lo menos se jugaron un poquito más con el presupuesto, y se animaron a un reinicio con temas actuales, pero no alcanza.

Plus, el diseño del muñeco es horrible, se podrían haber esmerado un poquito más. Que Chucky maneje otros dispositivos con el dedo vía WI-FI… dejáte de joder.

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