El gabinete del doctor Caligari (en alemán, Das Cabinet des Dr. Caligari) es una película muda alemana de terror estrenada en 1920, dirigida por Robert Wiene y escrita por Hans Janowitz Carl Mayer. Considerada la obra por excelencia del cine expresionista alemán, cuenta la historia de un loco hipnotista (Werner Krauss) que usa a un sonámbulo (Conrad Veidt) para cometer asesinatos. El filme tiene un estilo visual oscuro y retorcido, con formas puntiagudas, líneas oblicuas y curvas, estructuras y ambientes que se inclinan y giran en ángulos inusuales, y sombras y rayas de luz pintadas directamente en los sets.

Una joya del expresionismo alemán, la primera en su género del terror. Está realizada de una forma muy pocas veces vista. Es lúgrube, oscura, con esos tonos sepia, y unos maquillajes inquietantes, escenarios bizarros, y entre todos los elementos se conjugan y te da una sensación de atmosférica hostil, incómoda, y de mala vibra.

El postulado fundamental del expresionismo alemán era la interpretación subjetiva del mundo; la imaginación y lo onírico frente al realismo. Se caracterizaba por la extrema estilización de los decorados, por la exagerada forma de actuar, las peculiares luces y los ángulos de cámara. Los decorados eran expresivos, distorsionando la realidad gracias al uso de símbolos, los personajes estereotipados y la estilización. Para asegurar un completo control y manipulación del decorado, la luz y la cámara, se rodaba siempre en interiores incluso en escenas supuestamente al aire libre. La luz era deliberadamente artificial, enfatizando las oscuras sombras y los contrastes más fuertes. Los ángulos de cámara se elegían para realzar lo fantástico y lo grotesco, mientras los actores exteriorizaban al máximo sus emociones.

No sólo influyó en el cine de la época sino en el posterior devenir del séptimo arte, incluso en grandes cineastas como Welles y Hitchcock. En “El gabinete del Dr. Caligari” del año 1920, cuando el cine aún era mudo, es un hito, un antes y un después, un baile visual. Vi la version remasterizada, que incluye el soundtrack original y el nuevo de 2002. Recomiendo verla solo, de noche,  a oscuras, con tormenta y el volumen al palo. ES UNA PUTA OBRA DE ARTE.

Un clásico imprescindible para cualquier cinéfilo que no solo siga el género del terror, sino también para el que tenga buen gusto del cine de verdad, de culto.

Se merece un puto 10. Hoy en día el argumento nos parece fácil pero en su época no lo era: ni lo que planteaba ni lo que explicaba ni el giro final de la historia. Y todo el laburo que conllevó a hacer esta masterpiece, hasta hay documentales sobre la misma. De hecho, ha envejecido de una forma espectacular. Vale ver la versión original, que realmente parece una pesadilla, una cinta extraída de algún rincón del mundo retorcido, y también la remasterización, en la que se pueden apreciar más los detalles.