El director Marc Forster (World War Z) se suma a otra historia icónica de Disney, anteriormente fue ‘Finding Neverland‘ y a pesar de sus fallas fue un producto correcto. Le toca el turno al mundo de ‘Winnie-the-Pooh‘, en el que Christopher Robin ahora es un adulto (Ewan McGregor) y la misión de Pooh y sus amigos es recordarle al niño cariñoso y juguetón que aún lleva dentro.

Destacables los efectos, el CGI de los personajes animados está muy bien logrados, y se le suman las voces originales de toda la vida, no podía faltar la voz de una leyenda, Jim Cummings.

Es un producto para nostálgicos, cualquier persona que haya nacido en la época de estos dibujitos seguramente la va a disfrutar, puede llegar a ser un poco lenta y con falta de ritmo, pero se toma su tiempo para contarte una historia en la que Christopher ya es un tipo grande con problemas de grandes, responsabilidades, y apartado de toda inocencia e imaginación.

La idea es buena, el mensaje es claro, aunque seamos grandes, tenemos el don de volvernos niños. Pero el problema de ésta peli es que se divide en dos partes, una con Ewan, que es muy buena, pero la caga cuando el protagonismo lo toma su hija… la pendeja se adueña de la película y se pudre todo, pierde interés, carisma, y Christopher Robin queda en segundo plano, de hecho, hasta Pooh pareciera perder la magia.

Una pena, porque cayeron en la más fácil, buscar una pendeja para que se identifique con el público infantil, pero les salió el tiro por la culata, porque con Ewan venía todo bien.

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