Después de ésta peli no te va a quedar nada del verdadero Rodrigo, ni siquiera su guión es fuerte, porque tampoco logran mostrar bien el salto a la fama, y cómo éste carismático personaje se ganó el corazón de la gente y fue evolucionando hasta convertirse en un ícono del cuarteto… una forma de decir cuarteto, porque la música de Rodrigo era el ‘pop’ del género cuartetero.

En ésta peli vas a encontrar a un pibe que hace cosplay del Potro, y que habla en cordobés como los negros de mierda que viven en la villa, nunca nadie de la producción escuchó hablar a Rodrigo, nacido en San Martín y en comparación a mi barrio donde viví casi toda mi vida, era más jodido que el de él, y no hablaba como un negro villero.

Después tenés personajes como el de Jimena Barón que aparece solo para que se la cojan y que se supone es Marixa Balli, y nada que ver. Florencia Peña hace de la madre del personaje de turno, en una representación lamentable de la vieja, que todo el mundo la conoce, se sabe que es una hija de puta (en el buen sentido), pero acá el personaje está totalmente desaprovechado.

Todos los demás no existen, los que zafan son el padre de Rodrigo, intepretado por Daniel Aráoz y el Oso (Fernán Mirás) que son los únicos que le pusieron pilas.

La peli se cuenta mal, y tampoco fue la gran cosa la vida del tipo, pero falla, y el pibe protagonista, Rodrigo Romero, de Potro no tiene nada, ni siquiera le pudieron teñir bien la cabeza, parece que le tiraron témpera porque ni presupuesto tenían para la tintura.

Eso sí, se la pasan culiando, típica de película argenta mediocre.

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