Cleo (Yalitza Aparicio) es una joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México. En esta carta de amor a las mujeres que lo criaron, Cuarón se inspira en su propia infancia para pintar un retrato realista y emotivo de los conflictos domésticos y las jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los 70.

Filmada en blanco y negro, con una fotografía espectacular, y es de las películas más hermosas del año. Las imágenes está ahí belleza y una cantidad de detalles abrumadora. Filmada con un delicado y pausado moviento de cámara, que de manera soberbia, cada plano  invita al espectador a un relato sensible y arrollador.

Narrativamente es sensilla pero auténtica, es un homenaje a la mujer y a sus sacrificios. Aunque lamentablemente tiene una duración excesiva y a veces toma un ritmo lento que no a cualquiera le pueda llegar a gustar.

El film llega justo en un momento en donde la personalidad de la mujer compra y está muy de moda, por tanto, seguramente esté en los próximos Oscars.

Bien por Netflix, que, aunque no sea su film original (tampoco les da tanto el bocho) compraron sus derechos para la distribución, y es más de ellos que de los pocos cines en los que se mostró.

Bien por Alfonso Cuarón (Harry Potter, Gravity) también por volver a sus raíces en una semi autobiográfica obra. Aunque no me pareció la gran obra de arte como la cataloga la crítica, pero aprueba tranquilamente.

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