Remake de la película ‘Los muchachos de antes no usaban arsénico‘, que no vi y no pienso ver, en el que cuenta la historia de una estrella de la época dorada del cine, un actor en el ocaso de su vida, un escritor cinematográfico frustrado y un viejo director. Entre ellos hacen lo imposible por conservar una vieja mansión en la que viven, ante la llegada de dos jóvenes que los intiman a venderla.

Estamos ante una comedia negra que brilla en momentos pero muestra mucha flojera en otros, sobre todo en chistes pelotudos o actuaciones planas, y ni hablar de la trama, que es predecible, y por más que Campanella quiera tirar alguna que otra vuelta de tuerca, no es suficiente para dar a pensar otra cosa o confundir al espectador.

Lo que la salva, y garpa mucho son las actuaciones de los protagonistas, sobre todo de Graciela Borges y Oscar Martínez que la rompen pero en momentos no me logran convencer, o creerme ciertas escenas.

El señor Juan José Campanella hace años que está muy lejos de lo bueno que fue, pero sin embargo, es una peli que se disfruta y funciona para un domingo a la tarde con un cafecito y comiendo pastafrola.

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