Dirigida por James Mangold (Cop Land, Logan, Knight and Day) nos trae una biografía que no escatima en presupuesto y se la ponen al hombro dos bestias de la actuación.

Un equipo americano de ingenieros y diseñadores, liderados por el visionario automovilístico Carroll Shelby (Matt Damon) y su conductor británico Ken Miles (Christian Bale) firman contrato con Henry Ford II, con el objetivo de crear un auto que les rompa el culo a Ferrari en el Campeonato del Mundo de Le Mans de 1966.

Otra que se viene fuerte en los Oscars en cuanto a edición de sonido, uno de los pilares de la peli, y la edición, que nos pone en un ritmo de dos horas y media que se pasan volando de lo bien contada que está.

Es un film que no solo se centra en las carreras, sino en el lado humano, poniendo a Bale y Damon en una química perfecta y unas actuaciones bastantes creíbles; te sacan más de una sonrisa.

La reconstrucción de la época es genial, sobre todo del circuito de Le Mans que tiene una adaptación fenomenal en cuánto a diseño y técnica, posta parece que estamos viendo una carrera, o un documental de los 60s.

Tambien vemos cómo se manejan estos hijos de puta de corbata que ponen como prioridad lo material sobre el valor humano, y que en definitvas lo que les importa es su propio ego y lo que diga el jefe del jefe, tal como lo dice Bale en una de las escenas con Damon, brillante.

Soberbio laburo se mandaron acá, y bien puesta en los Oscars como una de las mejores que tuvo el 2019.

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