La nueva temporada de la serie de David Fincher se centra en los asesinatos de los niños de Atlanta, caracterizando a un Wayne Williams que se parece mucho al real, algo que éste producto hace muy bien con la mayoría de los serial killers.

El problema viene con el ritmo del guión y los nefastos arcos argumentales secundarios, que si en la primer temporada nos tuvimos que fumar, en gran parte, el temita de Holden con la hippie, acá se agrava con una de sus protagonistas, la doctora Wendy y la relación gay con una barwoman, en la que gastan varios capítulos. No contentos con esto, también nos tenemos que tragar el problemita familiar de Bill Tench, y su hijo que parece un futuro asesino de mierda, una trama idiota para una serie que presume ser inteligente.

Ambos arcos argumentales anteriormente nombrados no aportan en nada a la temporada y se resume en un relleno asqueroso y falto de ideas.

Otro problema es la falta de Edmund Kemper, aunque éste apartado es obvio, porque no se lo puede seguir explotando, pero lo vas a extrañar.

Una de las cosas buenas que tiene la serie es la caracterización de Charles Manson, pero lamentablemebte está en pantalla un puto capítulo y unos 10 minutos como mucho. Malísima decisión de no seguirla con él. Mismo con El Hijo de Sam, con una actuación sobervia, y el flaco es IGUAL.

Los puntos en contra que mencioné te sacan completamente del climax. Y es una pena, porque es una serie que da para mucho más, pero en ésta temporada se ha quedado en el camino y ha perdido calidad narrativa y estructural.

Eso sí, la cinematografía sigue estando excelente, la ambientación setentosa también, y a pesar de sus defectos, los cuáles esos arcos argumentales pedorros se puede pasar por alto, Mindhunter sigue siendo buena, aunque en la tecer temporada van a tener que arreglar esas deficiencias que empañan un gran show.

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