Extraordinaria película del genio Hitchcock que trata (dicho por él mismo en una entrevista que le hizo Truffaut) sobre un hombre, James Stewart, que está obsesionado por hacer el amor con una muerta. Es decir, el tema es la necrofilia, pero está tan bien tratado que consigue escapar de lo escabroso con brillante estilo.

Digna de destacar la fotografía, con una utilización nada azarosa de los colores, especialmente los rojos y verdes. El claustrofóbico restaurante donde Stewart ve por primera vez a la rubia que será motivo de su obsesión, Kim Novak, es una prueba de ello. No hay que perdérsela.

Si existiera un manual de cómo hacer cine, sin lugar a dudas que Vertigo sería uno de ellos.

La banda sonora a cargo del legendario Bernard Herrmann, es otra protagonista más en el film, y le hace llevar un ritmo prácticamente perfecto.

Muchos directores han hecho referencias y homenajes a esta película. Tal es el caso de Tim Burton con su Batman de 1989, en la escena final del Joker subiendo las escaleras de la catedral con Vicki Vale… magistral.

Quizás resulte un poco abrupta la resolución final, un poco simple y predecible, pero eso no quita que semejante obra maestra de Hitchcock que le ha dejado a la humanidad, y que no solo es imprescindible, sino también necesaria.

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