Aclaro que he jugado Warcraft desde el primero, hasta el espectacular The Frozen Throne, conozco su lore, y me he fumado nueve años de WOW. Por eso mismo es que conozco algo de su historia que si bien tiene su atractivo, no es una genialidad, ni una obra maestra épica.

Y es a través de ésta película en la que la adaptación es casi perfecta, y te das cuenta a la vez que va bien en un juego pero en el cine es una tontera. Está adaptada a lo que nos cuentan en el primer juego, Warcraft de 1994. Y está bien, quizás con alguna que otra falla, pero se nota que en ese sentido, Blizzard y su director tenían en claro su argumento.

Es una película para fans? Si, porque ya de entrada se asume que te has jugado el juego, no hay muchas explicaciones y el desarrollo de los personajes es un “Meh”.

Pero el FAIL de Warcraft se muestra en dos horas interminables. No simpatizás con ninguno de sus personajes, que atraviesan por medio de una historia de videojuego del año del orto y su lore en ese momento no es más que un jueguito de domingo de rol. Te da lo mismo si un personaje se muere o no, porque no te transmiten nada. Las escenas no duran ni cinco minutos, van pasando situaciones de un momento a otro, corte y a otra cosa, no te da respiro, no hay una puta pausa, es como jugar el modo campaña de los últimos Mortal Kombat.

Visualmente es correcta, el CGI no sorprende pero a veces está bueno ver algún que otro primer plano de un orco, muy bien hecho, y a veces parece de película clase B, el exceso de efectos la mató.

Sin mucho más que añadir, y era más o menos lo que me esperaba, como todo truño de videojuegos al cine, la película es una tremenda mierda, aburrida como la re puta madre, sus personajes son una cagada, Ben Foster como Medivh es de terror, es un mago super pelotudo con pinta de hippie que no hace otra cosa que tirar luces para todos lados. Travis Fimmel, desaprovechadísimo, nunca me iba  a imaginar que Lothar me iba a provocar tan poco en pantalla, aquel groso que había formado la Alianza resultó ser un nabo que no otorga ninguna emoción. Y los demás personajes son todos olvidables.

Blizzard es bueno haciendo cinemáticas, creo que se tendría que seguir ahí, porque una película de dos horas le queda muy grande.

En resumen, Warcraft sirve para cuando la gente se junta y mandan a sus hijos a un cuarto y le ponen esas pelis para que no rompan las pelotas, porque visualmente impacta a nenes de entre 6 y 12 años.

Mal por el director Duncan Jones que nos había traído buenas obras como Moon o Source Code, pero tampoco me olvido de la infumable Mute que hizo para Netflix.