Ya sin Fede Alvarez en la dirección, toma la posta el productor de la anterior y entre los dos escriben una secuela que prácticamente es más remake que otra cosa, porque es casi lo mismo de la primera. Y es que esa estaba buena, la premisa era bastante original, te generaba tensión y aparte era divertida. Acá no hay nada de eso.

Es más, es re pelotuda, por ahí hay alguna otra escena de chorro de sangre que pueda estar zafar.

Los locos que entran a cagarle al vida al viejo son ex militares, en vez de jóvenes inexpertos, por eso es que algunos enfrentamientos están más para el lado de la acción. Y después tenemos la otra protagonista que es la pendeja, y tiene una razón clave de estar ahí en la peli, pero igual es re olvidable.

Todo lo bueno que tenía la de 2016 acá lo hicieron mierda, y encima quedó para una tercera parte, que seguramente ya ni moleste en ver.