Peli a modo teatral que me recuerda una que otra obra de Ingmar Bergman o Woody Allen, pero no me venga Netflix a decir que el director Sam Levinson es un visionario, porque es tremendo fantasmón.

El plot es simple, dos personajes, un escenario, un director con un ego terrible y su esposa, una ex drogadicta, que llegan a casa después del estreno de una peli, y comienzan a discutir sacándose los trapitos al sol.

Me sorprendió Zendaya y el hijo de Denzel Washington, que los sacan de su zona de confort, y en éste melodrama se lucen, aunque otras veces sobreactúan un poquito. Hay algunos diálogos bastantes interesentas y una que otra escena maravillosa Y me gustó las referencias a directores ultra zarpados como Billy Wilder, o ultra malos como Ed Wood.

Sin embargo lo que me terminó molestando, y parece una contradición, es el guión, que no es otra cosa que un bucle entre ambos, se pelean, parecen arreglarse, se pelean, parecen arreglarse, cada uno con una justificación que trata de convencer al espectador, pero se vuelve a lo mismo y nunca se resuelve nada. Son dos horas de eso y nos vimos.