Una parejita se toma unas vacaciones en una casa de verano, en la playa, y de repente aparece Jake Weber con la jermu y que justo también van a parar en la misma casa.

Juntos se hacen amigos, morfan, chupan, se drogan, y la peli te amaga con que Weber y su esposa son una especie de psicópatas, pero en realidad hay un químico misterioso proveniente del océano que los hace volver locos, y así de pecho la contaminación pega contra el pueblo en donde están alojados y se arma el apocalipsis.

Llega un momento en que la película no sabe para dónde ir o qué inventar, si la gente se está convirtiendo en zombies, o en calamares gigantes, es una cosa re flashera, mal ejecutada, mal contada, diálogos infumables. Y es otra mierda que la prensa le está dando puntajes positivos como si fuera al Oscar.

Al final no hay terror, ni horror, una escena nomás te da asco, pero ya está. Sinceramente, andá a cagar. Éste año está teniendo, hasta ahora, las peores películas en todos los géneros.